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miércoles, 12 de agosto de 2015

La madurez del pueblo.

En España estamos a punto de experimentar una transformación que puede cambiar el rumbo de la Historia: la madurez del pueblo.

Síntomas: soledad absoluta, falta de estructuras, falta de justicia, derrumbamiento generalizado de las instituciones, pérdida (robo) de todos los derechos legítimos y constitucionales: la sanidad, la educación, la vivienda, el trabajo.

El pueblo se enfrenta a su realidad: ha sido engañado y traicionado por la monarquía, por la iglesia, por la democracia, por los partidos, por los sindicatos, por el gobierno, por la prensa, por la justicia.
Han intentado esclavizarnos con sus mentiras sin límite.

Los ciudadanos no tenemos más salida que unirnos y organizarnos entre nosotros, y aprender en quién podemos confiar y en quien no. 
Y tenemos que decidirnos ya.

Es duro descubrir que no hay nada que perder, porque todo ha sido saqueado, prostituido y traicionado.

La libertad viene detrás de la verdad. La verdad no duele; duelen las mentiras mientras nos aferramos a ellas.

No tiene sentido luchar.
Cuando se lucha contra algo se le suministra energía y se fortalece.
La verdadera victoria es la sustitución de todo lo que está muerto.
Hay que centrarse en crear nuevas estructuras y abandonar los cadáveres.

No tiene sentido luchar contra lo que ya está muerto.
No tiene sentido seguir alimentando a los cadáveres en la esperanza de que sigan pareciendo vivos.
No tiene sentido seguir escuchando a los cadáveres en la esperanza de que parezca que dicen algo coherente.
No tiene sentido seguir contando con los cadáveres en la esperanza de que parezca que sus actos tienen algo de sensato y medianamente inteligente.

Nos quieren hacer creer que los cadáveres están vivos, que nos orientan, nos dirigen, resuelven nuestros problemas y merecen nuestro respeto. Nos quieren hacer creer que necesitamos a los cadáveres, que, sin ellos, estamos perdidos.

Sí. Los cadáveres merecen nuestro respeto.
Los cadáveres merecen un respetuoso entierro, un duelo rápido y un olvido completo.
La Vida está esperando que dejemos de rendir culto a los cadáveres.

Puede que sea hora de dejar de perder el tiempo y tomarse la vida en serio.

Sin violencia: con inteligencia, unidos y alerta, creando entre todos las estructuras y las leyes que nos permitan centrarnos en la Vida y dejar de perder el tiempo con cadáveres cuya descomposición cada vez se disimula menos.


El hedor es, por momentos, insoportable.

miércoles, 8 de enero de 2014

NUEVOS METODOS PARA NUEVOS RESULTADOS


Se cuenta que Albert Einstein solía decir a sus alumnos: “…si siempre haceis las mismas cosas en el laboratorio, no os debe extrañar que siempre consigais los mismos resultados…”, o algo parecido. Esto me recuerda una anécdota que contaba un amigo ruso, recordando sus años jóvenes en una escuela de ingeniería de su país. Al parecer, uno de sus profesores solía dirigirse solemnemente a la clase y les decía: “Lo que más me emociona de ustedes es su inquebrantable afán de NO aprender.”

Ambas anécdotas vibran en la misma nota, como dos cuerdas de piano afinadas. Y esto me lleva a otra afirmación que he encontrado recientemente en unos textos dirigidos a facilitar el despertar de la consciencia de nosotros, los humanos. El autor remarcaba que los seres humanos, a pesar del cuerpo que parece que resume todo lo que somos, en realidad somos energía, somos mente, somos pensamiento pero, lo que de verdad nos define es nuestra condición vibratoria: somos energía vibrante. Cada uno de nosotros, en cada momento, experimentamos y ofrecemos al Universo una vibración, una nota, determinada. Y esa nota determina nuestro ámbito de resonancia.

Recientemente se habla mucho de la tercera dimensión, del paso a la cuarta dimensión, de que nuestro Universo estaría formado por al menos 11 dimensiones (Teoría de Cuerdas) que coexisten en el Espacio-Tiempo, pero cuyas realidades se desconocen entre sí debido a las diferencias vibratorias que caracterizan dichas dimensiones. Pero, en realidad, aun tratándose de la misma dimensión, la nuestra, la dimensión física, en nuestra ciudad, en nuestro barrio, podemos vivir sin tropezarnos siquiera con alguno de nuestros vecinos, sin sospechar siquiera de su existencia, por la sencilla razón de que estamos vibrando en rangos de frecuencia tan distintos que resulta materialmente imposible que ni siquiera coincidamos en el ascensor. No somos conscientes de que cuando compartimos nuestro tiempo-espacio con alguien es porque en ese momento estamos vibrando en el mismo rango de frecuencias. Sea el encuentro agradable o desagradable según nuestra percepción; una observación atenta y, sobre todo, la perspectiva del tiempo, nos dará la certeza de que hubo una afinidad innegable con aquella persona, en aquel momento.

Pues bien, reconociendo el fenómeno de la vibración, y su consecuencia de la resonancia, se entienden mejor conceptos como la afinidad y la atracción consiguiente; conceptos, todos ellos, muy de moda en los últimos años (El Secreto).

En este nivel de análisis, hay que darse cuenta que no importa lo que opinemos: el concepto del bien y del mal no es relevante. Si yo me siento molesto, o francamente indignado con algo concreto, pongamos la guerra, o la injusticia, puede que se me considere una persona bien informada y con unos principios éticos bastante sólidos, pero el efecto subyacente es que mi vibración se acomodará a aquello en que enfoco mi mente, mis pensamientos y, hasta de forma inconsciente, mi capacidad creadora. Es decir, si yo me enfoco, hablo, discuto, argumento, protesto acerca de la injusticia que invade el mundo, estaré sintonizando con una nota: la injusticia, sin importar si opino que dicha nota es discordante. Con mi energía mental enfocada en la injusticia, no sólo estaré vibrando en la frecuencia de la Injusticia, sino que estaré sumando mi vibración, mi energía, a la energía de todas las injusticias del mundo y, además, me veré irremediablemente atraido y vinculado a todo tipo de injusticias en virtud de las leyes de la resonancia y de la atracción.

Parece una trampa, y lo es. La solución, por tanto, no es odiar la Injusticia, ni criticar la Injusticia, ni denunciar la Injusticia. La solución, por supuesto, tampoco es amar la Injusticia. En ambos casos estaríamos vibrando en su nota, aumentando su energía, y quedando materialmente sujetos a su influencia. La mejor, y podríamos decir la única, solución contra la Injusticia es IGNORARLA.

Siempre me ha llamado la atención una de las frases incuestionables de nuestra cultura: “… si quieres la paz prepara la guerra…”. Al parecer, tal pieza de sabiduría se debe a Julio César, emperador romano, que consagró toda su vida a la guerra. Evidentemente, si preparas la guerra, piensas en la guerra, trabajas para la guerra, creas para la guerra, inventas para la guerra, inviertes en la guerra, sueñas con la guerra, amasas fortunas con la guerra, por supuesto vibras en la nota de la guerra: te llegas a convertir en la misma GUERRA.

¿Qué os parecería esta otra versión?: “… si quieres la PAZ, prepara la PAZ…”. Su lógica suena tan aplastante que se podría atribuir al mismísimo Perogrullo.
¿Cuántas generaciones de pacifistas se han podido convertir en servidores de la guerra, en víctimas de la guerra, solamente por aceptar como válida la gran mentira expresada por Julio César, o por luchar abierta y dedicadamente "contra" la guerra?

Antes decía: la única solución contra la Injusticia es IGNORARLA. Sin embargo, la mente humana no se maneja bien en el vacío. Es mucho más práctico poner en juego la existencia de los opuestos. Todo concepto tiene su opuesto, y hay que descubrirlo. El opuesto de la Injusticia no es otro que la Justicia. El opuesto de la Guerra no es otro que la Paz. El opuesto de la Mentira no es otro que la Verdad. El opuesto de la Libertad no es otro que la Esclavitud. Y así sucesivamente…

Por tanto, lo recomendable, ante una realidad que nos parezca poco digna de formar parte de nuestra existencia y experiencia, sería localizar su opuesto natural y consagrar nuestra mente a dicho opuesto. Por ejemplo, en el caso de la Injusticia. El método debería consistir en dedicar nuestra mente, nuestras opiniones, nuestro tiempo, nuestra energía, nuestra creatividad, a cultivar y tratar todas las formas y situaciones que nos conecten con la Justicia y que lleven nuestra vibración a la de la Justicia. Según el criterio expuesto anteriormente con el ejemplo de la guerra, de esta forma, acabaremos alimentando con nuestra energía la Justicia, atrayendo situaciones justas a nuestra vida y a nuestra experiencia y aumentando la intensidad de la vibración de la Justicia en todo el mundo, por simple fenómeno de Resonancia. Como veis, no se trata del Bien y el Mal. Es pura Física.

Cuando el Trío de las Azores se reunió para dar un concierto con los Tambores de la Guerra, sabían que nos necesitaban a todos, que con el clamor unánime del NO A LA GUERRA, les proporcionaríamos toda la energía que a ellos les faltaba para llevar a cabo sus planes para apropiarse del petróleo y arrebatarnos nuestra libertad, todo ello en nombre de nuestra seguridad, todo por nuestro propio bien.

Cuando los grandes maestros de la Humanidad han dicho LA VERDAD OS HARÁ LIBRES, sabían ciertamente que los poderes oscuros que aspiran a controlar el mundo son cualquier cosa menos tontos. Y además de ser muy inteligentes, están muy bien asesorados y disponen de unos conocimientos que se han ocultado al resto de la humanidad durante siglos y milenios.
Sin embargo, en el Universo todo cambia, nada permanece inmutable y la oscuridad da paso a la luz. Ya se terminó el tiempo en que el conocimiento se podía ocultar. Ya estamos en el tiempo en que todo lo oculto debe salir a la luz, de la misma manera que después de cada noche, por larga que parezca, llega un amanecer inexorable.

Distintas fuentes coinciden en asegurar que la Vida en la Tierra está regida y protegida por la Ley del Libre Albedrío, y que todo lo que ocurre en nuestro planeta goza de nuestra libre elección o, por lo menos, de nuestra libre y voluntaria aceptación. Pues bien, me atrevo a declarar que esto último es otra GRAN MENTIRA, para mantener resignada a la Humanidad y además hacerla sentir culpable de todo lo que le ocurre, al ser por propia elección.
Digo que es MENTIRA, porque la Ley del Libre Albedrío exige que haya libre elección, y para que haya libre elección, tiene que apoyarse en un total acceso a la información veraz de todo lo que concierne a la materia sobre la que debe elegirse. Por tanto, si hay ocultación, si hay mentira deliberada, si hay deformación en las noticias, si se ha negado el conocimiento fundamental de los datos y de las circunstancias, NO SE PUEDE ALEGAR LIBRE ALBEDRÍO.
Una población que elige o acepta una propuesta, bajo el efecto de la mentira, la ocultación y el engaño deliberado, no es una población que elige libremente, no se está respetando su sagrado derecho al Libre Albedrío, esos grupos que llevan innumerables siglos conspirando para hacerse con el control de la Humanidad, han violado insistentemente la Ley del Libre Albedrío, y protegiéndose con ella de las consecuencias de sus abusos.

Por ejemplo, no se puede alegar que quienes han visto sus ahorros desaparecer bajo la alfombra de las Participaciones Preferentes, sabían lo que estaban firmando. La inmensa mayoría de ellos fueron engañados para que firmaran o, incluso, para que aceptaran sin rechistar una decisión tomada por el director de su sucursal bancaria sin haber firmado ningún documento. No se puede invocar el Libre Albedrío de las víctimas, cuando se han convertido en víctimas mediante el engaño y la ocultación de una estrategia deliberada para robarles, en muchos casos, sus ahorros de toda la vida. ¿Cómo es que otros ciudadanos, los que habían tenido amplia información y conocimiento de sus opciones pusieron su dinero a salvo en cuentas en Suiza y otros paraísos fiscales, o invirtieron sus fortunas en las SICAV, poniéndolas a salvo en nuestro propio territorio?
No se puede aplicar por igual la Ley del Libre Albedrío a unos y a otros. La gran diferencia está en el engaño y la ocultación.

Lo mismo se puede argumentar con la Guerra Santa de Las Azores. Se dijo al mundo que el gobierno de Irak escondía armas de destrucción masiva (MENTIRA), con lo que se consiguió el apoyo o el consentimiento de la población para impulsar una guerra orientada al robo del petroleo de Irak y de las libertades del resto del mundo. La mentira, el engaño y la ocultación, atentan directamente contra la Ley del Libre Albedrío. La VERDAD es la única esencia capaz de curar, de una vez y para siempre, todos los males de nuestro mundo. Por eso nos han dicho en tantas ocasiones LA VERDAD OS HARÁ LIBRES.

Trabajemos por la Verdad, exijamos la Verdad, hablemos sobre la Verdad, premiemos la Verdad, construyamos por y para la Verdad, trabajemos por la Verdad, creemos caminos y estructuras para canalizar y aprovechar la Verdad, y en muy poco tiempo habremos disuelto todos los castillos de naipes que han estado construyendo sobre tantas mentiras, y nuestro mundo y nuestra vida cambiarán para mostrar toda la Verdad de la que somos capaces.

Con cada pequeña Verdad que consigamos rescatar del fondo de la ciénaga, veremos miles y miles de pequeñas burbujas de Verdad que también serán liberadas y, en poco tiempo, una atmósfera renovada y rica en Verdades nos dará en la cara y nos despejará de las brumas y los vapores de tanta droga-mentira y tanto engaño soportados durante tanto tiempo. Y entonces sí que estaremos protegidos por la Ley del Libre Albedrío y nada ni nadie podrá obligarnos a aceptar nada en contra de nuestro conocimiento y de nuestros intereses.

Además, cuando hayamos elevado suficientemente la vibración de la Verdad, aparecerá una nota armónica: LA JUSTICIA, y descubriremos algo que ya saben los músicos de todo el mundo: que con sólo unas pocas  notas y unas sencillas reglas se pueden escribir las más sublimes sinfonías.

martes, 15 de octubre de 2013

EL DÍA QUE ACABÓ LA VERDADERA CRISIS



Este texto está inspirado en un artículo anteriormente publicado con la firma de CONCHA CABALLERO, periodísticamente muy bien construido, que describe y recoge los deseos e intereses de quienes han creado y ejecutado esta estafa con la que ya estamos tan familiarizados y a la que pusieron el nombre de “crisis”. 
(http://ccaa.elpais.com/ccaa/2013/01/18/andalucia/1358541477_909155.html)

La palabra crisis, por cierto, viene de una raiz griega que significa “transformación”, “mutación” y, ante todo, deberíamos dar las gracias a los autores de la estafa por ayudar, impulsar, propiciar y acelerar la transformación de la sociedad española (y mundial) hasta niveles que no hubieran sido posibles, ni tan rápidos, ni tan profundos sin su contribución.

Un buen día del año 2014 nos levantaremos y anunciaremos que la estafa ha terminado. Todas las agencias de prensa se harán eco de la noticia, nadie podrá creer que un plan tan bien trazado y, al parecer, tan bien ejecutado, haya podido fallar de modo tan estrepitoso. Algunos querrán quitarle importancia y tratarán de decir que ha sido otra salida de tono de los perroflautas de turno. Tras unos primeros momentos de sorpresa, la población comenzará a respirar los nuevos aires de libertad y justicia que, para ese momento, estarán barriendo toda nuestra geografía y avivando focos de resonancia en toda Europa, y en todo el planeta.

Un buen día del año 2014, declararemos terminada la farsa mal llamada democracia y convocaremos a toda la población, y sobre todo a los jueces, a la inmensa tarea de recobrar la confianza en la justicia y de barrer de nuestro territorio toda la corrupción y la ilegalidad que se había instalado, sin importar siglas ni apellidos, ni dinastías. Declararemos fuera de la Ley del Pueblo a todos aquellos que basaron su éxito en el robo y la complicidad con los ladrones que trataron de destruir nuestro país, nuestra dignidad y nuestra Historia. 

El mundo entero contendrá la respiración: todas las tristes expectativas que nos habían colocado como la única salida se transformarán en humo, y se iniciará de inmediato la recuperación de nuestra credibilidad y valoración, superando ampliamente los niveles anteriores al comienzo de la Gran Estafa Mundial.

Un buen día del año 2014, cuando todos los trabajadores, profesionales y jóvenes, casi habían perdido la esperanza, se producirá el mayor levantamiento popular pacífico desde los días de Ghandi en la India sometida por el Imperio Británico. Y todos los ciudadanos tendrán la clara e inequívoca certeza de que EL FIN DE LA GRAN ESTAFA MUNDIAL HABRÁ COMENZADO.

Un buen día del año 2014, las aulas de todo el país se llenarán de alumnos y profesores de todos los niveles, que celebrarán su victoria y su compromiso de hacer de nuestro país uno de los principales defensores e impulsores de la cultura y de la investigación, dejando atrás aquella maldición atribuida a D. Miguel de Unamuno:
 “… que inventen ellos…”

Y un buen día del año 2014, se celebrarán asambleas en todos los hospitales, clínicas y laboratorios, públicos y privados, donde los profesionales de la sanidad renovarán al unísono el Juramento de Hipócrates y se consagrarán al servicio de la vida y de la salud, no del negocio criminal de unos pocos. Y juntos emitirán un comunicado declarando EL FIN DE LA GRAN ESTAFA MUNDIAL.

Un buen día del año 2014, toda la estructura social celebrará su unidad frente al enemigo común, y su solidaridad para los más dañados por la estafa. Comerciantes, policías, militares, funcionarios, ciudadanos todos, que caminarán juntos para que nadie dude que la victoria era de todos y que la GRAN ESTAFA MUNDIAL HABÍA LLEGADO A SU FIN.

Efectivamente, nunca se pensó que pudiera sufrirse tanto: el golpe de estado que derribó la II República Española, la Guerra Civil, los 40 Años de Paz Franquista, la farsa de la Transición a la Democracia y la Lealtad a los Principios del Movimiento, y los dolorosos años de Constitución y Democracia falseadas y prostituidas, habían quedado casi relegados al olvido en los cinco años que había durado la puesta en escena de la GRAN ESTAFA MUNDIAL. 

Por un momento, pareció que España estaba dormida, o más bien muerta, que después de tanto sufrimiento, tanto miedo y tanta humillación ya nada sería capaz de hacerla reaccionar, pero todos se equivocaron. El vaso se fue llenando, gota a gota, verso a verso y, cuando ya no cabía más, se rebasó el borde, el límite, todos los límites y, de nuevo, pasamos entre todos la página de la Historia. Y en este caso, sin usar la guillotina, sin disparar un solo tiro, claro está, sin contar los que se habían empezado a levantar la tapa de los sesos para no enfrentarse a las consecuencias de sus crímenes.

Un buen día del año 2014, el pueblo español, con una sola voz, con un solo gesto, descubrió la salida de la crisis-estafa: era tan sencillo como abrir la puerta que nos habían estado cerrando a base de robos y mentiras, a base de traiciones y corrupción. Y con la certeza y el aplomo de que si no se abría esa puerta, si hubiera estado bloqueada, la habríamos derribado de una sola patada. Un buen día del año 2014, los españoles descubrimos que teníamos la capacidad de construir entre todos el país que nos habíamos merecido desde hacía largos años, y que no dependíamos de la riqueza de nadie, porque la riqueza éramos nosotros. Un buen día del año 2014, los españoles descubrimos que, en realidad, llevábamos demasiados años viviendo por debajo de nuestras verdaderas posibilidades.

Un buen día del año 2014, nos llegó el momento de volver a poner el reloj de la Historia en hora, y sincronizarlo con todos los demás relojes. Ya quedó atrás el tener que soportar el proverbial retraso en que nos tenían prisioneros. Cuando el calendario marcó el día indicado por la Historia, se pudo escuchar el clamor de todos los relojes marchando al unísono y todas las campanas anunciando el comienzo del nuevo tiempo.

Ahora, cuando menos, tenemos dos opciones: la primera es la que quieren que aceptemos, a la que quieren que nos resignemos; la segunda es la que nuestras almas están deseando, porque en el fondo nadie tolera que le cierren todos los caminos a la dignidad y a la libertad. 

La elección es nuestra, la Historia la escribimos nosotros y, en esta ocasión, nuestro liderazgo no será para esclavizar pueblos y someter tierras y culturas, sino para que se vuelva a escuchar la imponente voz de la LIBERTAD.

lunes, 2 de septiembre de 2013

Apoptosis

La primera vez que oí la palabra apoptosis no sabía si estaban hablando de un faraón poco conocido o de un armador griego.

Aquella tarde me desperté frente al televisor, no podía precisar si había estado soñando o se trataba de algún documental de esos que ayudan suavemente a conciliar el sueño.

Se trataba de una escena que me recordaba aquella serie llamada Érase una vez el cuerpo. En la escena había un grupo de células grises, amenazadoras, prepotentes, que habían conseguido extenderse y atemorizar a toda una multitud de células sonrosadas que se esforzaban por realizar cada una su tarea.
Aquellas células grises habían conseguido apropiarse de la mayoría de los canales por los que las células rosadas recibían su alimento y los materiales que necesitaban para su tarea. Además, se las arreglaron para interceptar los canales de información que mantenía coordinada toda aquella multitud de células rosadas. Normalmente, sin dejar su tarea, sin moverse de su pequeño espacio, todas ellas estaban perfectamente y continuamente informadas de todo cuanto sucedía en el rincón más alejado de aquel organismo que, entre todas, mantenían en funcionamiento: vivo. Con los canales de información intervenidos, las células rosadas habían visto muy mermadas sus posibilidades de contribuir al buen funcionamiento y vitalidad de su anfitrión. De hecho, la situación que se había adueñado de su entorno las mantenía en un estado de letargo, en el que apenas podían funcionar y, mucho menos, comunicarse entre ellas.

Unas pocas células rosadas que consiguieron despertar del letargo, se las arreglaron para restablecer algunos canales de información y, con la poca energía que pudieron obtener, comenzaron a localizar otras células, aquí y allá, que también se estaban esforzando por recuperar sus condiciones de funcionamiento y entender y corregir la desagradable perturbación que les había estado invadiendo desde hacía algún tiempo.

Pronto, las células rosadas que habían despertado fueron estableciendo una red fuera del alcance de las células grises que todo lo invadían y anulaban. Parecía que el único propósito de las células grises consistía en apropiarse de todo, invadirlo todo, extenderse hasta dominar todos los tejidos y órganos de aquel organismo que les estaba sirviendo de anfitrión. Sin embargo, necesitaban conservar un cierto número de células rosadas porque sólo ellas producían algunas sustancias que las células grises necesitaban para vivir.

Las células rosadas que habían despertado, al principio intentaron despertar a todas las que tenían a su alrededor, pero pronto se dieron cuenta que era un proyecto inviable: algunas de sus vecinas estaban tan intoxicadas que apenas podían mantenerse vivas; no les quedaba energía ni para comunicarse con la que tenían al lado. Así pues, llegaron a la conclusión de que se iban a poner a trabajar contando solamente con aquellas que habían conseguido despertar por sus propios medios. Su número había ido creciendo, pero tan despacio que no permitía alimentar la esperanza de alcanzar un número importante.

Cada día, las células rosadas despiertas se mantenían en comunicación durante algún tiempo, entrando en una especie de meditación colectiva espontánea. Habían llegado a experimentar una curiosa sensación: participaban de una especie de pensamiento compartido. Cuanto más practicaban más palpable era la sensación de estar teniendo los mismos pensamientos, las mismas ideas y las mismas imágenes en aquella meditación grupal. Era curioso, porque al principio los pensamientos múltiples se superponían y formaban enormes cascadas y torbellinos de variados colores, pero un día ocurrió que, de repente, se formó un enorme lago de aguas cristalinas, calmadas como la superficie de un espejo. Se hizo un silencio sobrecogedor, sagrado, y todas ellas supieron y entendieron que habían conseguido escuchar todas a la vez.
Aprendieron a emitir un solo pensamiento que recorría la superficie de aquel lago como una onda producida por una sola gota de lluvia. Aquel evento dió lugar a un auténtico salto evolutivo: las células rosadas despiertas descubrieron que, desde su variedad, también podían comportarse como si fueran una sola. Habían pasado muchos días de cansancio, de desánimo, pero finalmente podían recuperar la esperanza.

Un día, cuando la superficie del lago se calmó, surgió un pensamiento-onda que recorrió toda la superficie y volvió al origen: súbitamente, las células rosadas comenzaron a cantar una nota, a emitir una vibración que resonó y produjo un enorme silencio a su alrededor. A medida que se extendía aquella nota, más y más células rosadas se unían a ella y, pronto, todo el organismo se estremeció con aquella vibración. Entonces, se empezó a extender un mensaje: un grupo de células grises, de considerable tamaño, se habían empezado a desintegrar sin motivo aparente. Como consecuencia, se produjo un enorme espacio vacío que, rápidamente, las laboriosas células rosadas ocuparon dedicándose a eliminar y reutilizar los materiales que las células grises habían dejado atrás. El revuelo fué monumental, la superficie del lago tardó bastante en volver a quedar lisa como un espejo. Algo trascendental había ocurrido.

En aquel momento, en el televisor, estaban dando la noticia de un equipo de investigadores que, a pesar de los recortes, había descubierto un procedimiento para estimular células sanas. Dichas células producían una sustancia en cuya presencia, las células de un tumor cerebral; uno de los más agresivos y devastadores, se suicidaban ordenadamente, súbitamente. El término científico que usaron fué: apoptosis.

A continuación, en las noticias, comentaron que el conjunto de los bancos habían tenido unos beneficios globales de más de 3.000 millones de euros, mientras que el país se hundía en la mayor depresión de la que se había tenido noticia en toda la historia.

En mi mente, aún somnoliento, se instaló una idea, una imagen: ¿y si los seres humanos también pudiéramos producir una sustancia, o cántico, o vibración, o lo que sea..., que haga que las "células cancerosas" que han invadido nuestra sociedad, vayan desapareciendo ordenadamente, súbitamente?...

Y sin perder un segundo, me fuí al diccionario a buscar la palabra... apoptosis ...