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miércoles, 8 de enero de 2014

NUEVOS METODOS PARA NUEVOS RESULTADOS


Se cuenta que Albert Einstein solía decir a sus alumnos: “…si siempre haceis las mismas cosas en el laboratorio, no os debe extrañar que siempre consigais los mismos resultados…”, o algo parecido. Esto me recuerda una anécdota que contaba un amigo ruso, recordando sus años jóvenes en una escuela de ingeniería de su país. Al parecer, uno de sus profesores solía dirigirse solemnemente a la clase y les decía: “Lo que más me emociona de ustedes es su inquebrantable afán de NO aprender.”

Ambas anécdotas vibran en la misma nota, como dos cuerdas de piano afinadas. Y esto me lleva a otra afirmación que he encontrado recientemente en unos textos dirigidos a facilitar el despertar de la consciencia de nosotros, los humanos. El autor remarcaba que los seres humanos, a pesar del cuerpo que parece que resume todo lo que somos, en realidad somos energía, somos mente, somos pensamiento pero, lo que de verdad nos define es nuestra condición vibratoria: somos energía vibrante. Cada uno de nosotros, en cada momento, experimentamos y ofrecemos al Universo una vibración, una nota, determinada. Y esa nota determina nuestro ámbito de resonancia.

Recientemente se habla mucho de la tercera dimensión, del paso a la cuarta dimensión, de que nuestro Universo estaría formado por al menos 11 dimensiones (Teoría de Cuerdas) que coexisten en el Espacio-Tiempo, pero cuyas realidades se desconocen entre sí debido a las diferencias vibratorias que caracterizan dichas dimensiones. Pero, en realidad, aun tratándose de la misma dimensión, la nuestra, la dimensión física, en nuestra ciudad, en nuestro barrio, podemos vivir sin tropezarnos siquiera con alguno de nuestros vecinos, sin sospechar siquiera de su existencia, por la sencilla razón de que estamos vibrando en rangos de frecuencia tan distintos que resulta materialmente imposible que ni siquiera coincidamos en el ascensor. No somos conscientes de que cuando compartimos nuestro tiempo-espacio con alguien es porque en ese momento estamos vibrando en el mismo rango de frecuencias. Sea el encuentro agradable o desagradable según nuestra percepción; una observación atenta y, sobre todo, la perspectiva del tiempo, nos dará la certeza de que hubo una afinidad innegable con aquella persona, en aquel momento.

Pues bien, reconociendo el fenómeno de la vibración, y su consecuencia de la resonancia, se entienden mejor conceptos como la afinidad y la atracción consiguiente; conceptos, todos ellos, muy de moda en los últimos años (El Secreto).

En este nivel de análisis, hay que darse cuenta que no importa lo que opinemos: el concepto del bien y del mal no es relevante. Si yo me siento molesto, o francamente indignado con algo concreto, pongamos la guerra, o la injusticia, puede que se me considere una persona bien informada y con unos principios éticos bastante sólidos, pero el efecto subyacente es que mi vibración se acomodará a aquello en que enfoco mi mente, mis pensamientos y, hasta de forma inconsciente, mi capacidad creadora. Es decir, si yo me enfoco, hablo, discuto, argumento, protesto acerca de la injusticia que invade el mundo, estaré sintonizando con una nota: la injusticia, sin importar si opino que dicha nota es discordante. Con mi energía mental enfocada en la injusticia, no sólo estaré vibrando en la frecuencia de la Injusticia, sino que estaré sumando mi vibración, mi energía, a la energía de todas las injusticias del mundo y, además, me veré irremediablemente atraido y vinculado a todo tipo de injusticias en virtud de las leyes de la resonancia y de la atracción.

Parece una trampa, y lo es. La solución, por tanto, no es odiar la Injusticia, ni criticar la Injusticia, ni denunciar la Injusticia. La solución, por supuesto, tampoco es amar la Injusticia. En ambos casos estaríamos vibrando en su nota, aumentando su energía, y quedando materialmente sujetos a su influencia. La mejor, y podríamos decir la única, solución contra la Injusticia es IGNORARLA.

Siempre me ha llamado la atención una de las frases incuestionables de nuestra cultura: “… si quieres la paz prepara la guerra…”. Al parecer, tal pieza de sabiduría se debe a Julio César, emperador romano, que consagró toda su vida a la guerra. Evidentemente, si preparas la guerra, piensas en la guerra, trabajas para la guerra, creas para la guerra, inventas para la guerra, inviertes en la guerra, sueñas con la guerra, amasas fortunas con la guerra, por supuesto vibras en la nota de la guerra: te llegas a convertir en la misma GUERRA.

¿Qué os parecería esta otra versión?: “… si quieres la PAZ, prepara la PAZ…”. Su lógica suena tan aplastante que se podría atribuir al mismísimo Perogrullo.
¿Cuántas generaciones de pacifistas se han podido convertir en servidores de la guerra, en víctimas de la guerra, solamente por aceptar como válida la gran mentira expresada por Julio César, o por luchar abierta y dedicadamente "contra" la guerra?

Antes decía: la única solución contra la Injusticia es IGNORARLA. Sin embargo, la mente humana no se maneja bien en el vacío. Es mucho más práctico poner en juego la existencia de los opuestos. Todo concepto tiene su opuesto, y hay que descubrirlo. El opuesto de la Injusticia no es otro que la Justicia. El opuesto de la Guerra no es otro que la Paz. El opuesto de la Mentira no es otro que la Verdad. El opuesto de la Libertad no es otro que la Esclavitud. Y así sucesivamente…

Por tanto, lo recomendable, ante una realidad que nos parezca poco digna de formar parte de nuestra existencia y experiencia, sería localizar su opuesto natural y consagrar nuestra mente a dicho opuesto. Por ejemplo, en el caso de la Injusticia. El método debería consistir en dedicar nuestra mente, nuestras opiniones, nuestro tiempo, nuestra energía, nuestra creatividad, a cultivar y tratar todas las formas y situaciones que nos conecten con la Justicia y que lleven nuestra vibración a la de la Justicia. Según el criterio expuesto anteriormente con el ejemplo de la guerra, de esta forma, acabaremos alimentando con nuestra energía la Justicia, atrayendo situaciones justas a nuestra vida y a nuestra experiencia y aumentando la intensidad de la vibración de la Justicia en todo el mundo, por simple fenómeno de Resonancia. Como veis, no se trata del Bien y el Mal. Es pura Física.

Cuando el Trío de las Azores se reunió para dar un concierto con los Tambores de la Guerra, sabían que nos necesitaban a todos, que con el clamor unánime del NO A LA GUERRA, les proporcionaríamos toda la energía que a ellos les faltaba para llevar a cabo sus planes para apropiarse del petróleo y arrebatarnos nuestra libertad, todo ello en nombre de nuestra seguridad, todo por nuestro propio bien.

Cuando los grandes maestros de la Humanidad han dicho LA VERDAD OS HARÁ LIBRES, sabían ciertamente que los poderes oscuros que aspiran a controlar el mundo son cualquier cosa menos tontos. Y además de ser muy inteligentes, están muy bien asesorados y disponen de unos conocimientos que se han ocultado al resto de la humanidad durante siglos y milenios.
Sin embargo, en el Universo todo cambia, nada permanece inmutable y la oscuridad da paso a la luz. Ya se terminó el tiempo en que el conocimiento se podía ocultar. Ya estamos en el tiempo en que todo lo oculto debe salir a la luz, de la misma manera que después de cada noche, por larga que parezca, llega un amanecer inexorable.

Distintas fuentes coinciden en asegurar que la Vida en la Tierra está regida y protegida por la Ley del Libre Albedrío, y que todo lo que ocurre en nuestro planeta goza de nuestra libre elección o, por lo menos, de nuestra libre y voluntaria aceptación. Pues bien, me atrevo a declarar que esto último es otra GRAN MENTIRA, para mantener resignada a la Humanidad y además hacerla sentir culpable de todo lo que le ocurre, al ser por propia elección.
Digo que es MENTIRA, porque la Ley del Libre Albedrío exige que haya libre elección, y para que haya libre elección, tiene que apoyarse en un total acceso a la información veraz de todo lo que concierne a la materia sobre la que debe elegirse. Por tanto, si hay ocultación, si hay mentira deliberada, si hay deformación en las noticias, si se ha negado el conocimiento fundamental de los datos y de las circunstancias, NO SE PUEDE ALEGAR LIBRE ALBEDRÍO.
Una población que elige o acepta una propuesta, bajo el efecto de la mentira, la ocultación y el engaño deliberado, no es una población que elige libremente, no se está respetando su sagrado derecho al Libre Albedrío, esos grupos que llevan innumerables siglos conspirando para hacerse con el control de la Humanidad, han violado insistentemente la Ley del Libre Albedrío, y protegiéndose con ella de las consecuencias de sus abusos.

Por ejemplo, no se puede alegar que quienes han visto sus ahorros desaparecer bajo la alfombra de las Participaciones Preferentes, sabían lo que estaban firmando. La inmensa mayoría de ellos fueron engañados para que firmaran o, incluso, para que aceptaran sin rechistar una decisión tomada por el director de su sucursal bancaria sin haber firmado ningún documento. No se puede invocar el Libre Albedrío de las víctimas, cuando se han convertido en víctimas mediante el engaño y la ocultación de una estrategia deliberada para robarles, en muchos casos, sus ahorros de toda la vida. ¿Cómo es que otros ciudadanos, los que habían tenido amplia información y conocimiento de sus opciones pusieron su dinero a salvo en cuentas en Suiza y otros paraísos fiscales, o invirtieron sus fortunas en las SICAV, poniéndolas a salvo en nuestro propio territorio?
No se puede aplicar por igual la Ley del Libre Albedrío a unos y a otros. La gran diferencia está en el engaño y la ocultación.

Lo mismo se puede argumentar con la Guerra Santa de Las Azores. Se dijo al mundo que el gobierno de Irak escondía armas de destrucción masiva (MENTIRA), con lo que se consiguió el apoyo o el consentimiento de la población para impulsar una guerra orientada al robo del petroleo de Irak y de las libertades del resto del mundo. La mentira, el engaño y la ocultación, atentan directamente contra la Ley del Libre Albedrío. La VERDAD es la única esencia capaz de curar, de una vez y para siempre, todos los males de nuestro mundo. Por eso nos han dicho en tantas ocasiones LA VERDAD OS HARÁ LIBRES.

Trabajemos por la Verdad, exijamos la Verdad, hablemos sobre la Verdad, premiemos la Verdad, construyamos por y para la Verdad, trabajemos por la Verdad, creemos caminos y estructuras para canalizar y aprovechar la Verdad, y en muy poco tiempo habremos disuelto todos los castillos de naipes que han estado construyendo sobre tantas mentiras, y nuestro mundo y nuestra vida cambiarán para mostrar toda la Verdad de la que somos capaces.

Con cada pequeña Verdad que consigamos rescatar del fondo de la ciénaga, veremos miles y miles de pequeñas burbujas de Verdad que también serán liberadas y, en poco tiempo, una atmósfera renovada y rica en Verdades nos dará en la cara y nos despejará de las brumas y los vapores de tanta droga-mentira y tanto engaño soportados durante tanto tiempo. Y entonces sí que estaremos protegidos por la Ley del Libre Albedrío y nada ni nadie podrá obligarnos a aceptar nada en contra de nuestro conocimiento y de nuestros intereses.

Además, cuando hayamos elevado suficientemente la vibración de la Verdad, aparecerá una nota armónica: LA JUSTICIA, y descubriremos algo que ya saben los músicos de todo el mundo: que con sólo unas pocas  notas y unas sencillas reglas se pueden escribir las más sublimes sinfonías.

viernes, 16 de agosto de 2013

Nos merecemos un mundo mejor.

Ésta ha sido desde el principio de los tiempos, una de las motivaciones principales del ser humano. Somos una raza curiosa e inquieta que no ha cesado de buscar infinitas formas de vivir mejor, de explorar las múltiples posibilidades que nuestra mente, recién descubierta, es capaz de concebir e imaginar. Claro está, que el concepto "un mundo mejor", a veces, nos hace caminar por senderos y llegar a metas que resultan ser contrarias a nuestras pretensiones.

Ahora, mientras el llamado primer mundo aún se está preguntando cómo salir de la crisis económica que se ha producido, una parte del segundo mundo está reclamando su derecho a explorar formas de gobierno y de libertad a las que ellos no han tenido acceso, aún. Puede que, en ambos mundos, se esté sufriendo los efectos de algún tipo de tiranía: económica en unos casos y política y social en otros. Al fín y al cabo, los países que disfrutamos de estructuras democráticas, en lo social y en lo político, seguimos en gran medida sufriendo los efectos de un cierto tipo de monopolio (quizá no sería elegante llamarlo absolutismo, ni dictadura, ni tiranía) en lo económico. 

Como explica el llamado Principio de Pareto, el 20 por ciento de la población controla el 80 por ciento de los recursos, mientras que los individuos que componen el 80 por ciento restante tienen que arreglarse para vivir disputándose el 20 por ciento de esos mismos recursos. Se trata de una ley o principio basado en la observación de la realidad en diferentes ámbitos. Eso significa que quizá no se trate de una ley inmutable, sino del efecto de un determinado paradigma en la evolución de la humanidad. 

Ese paradigma o conjunto de creencias está íntimamente relacionado con la educación que se imparte en un determinado ámbito cultural. Por ejemplo, en algunos colegios elitistas, reservados para educar a los niños de la llamada clase dirigente, los alumnos son tratados con sumo respeto (sin perder de vista quiénes son sus padres), recibiendo una atención personalizada, consolidando en sus mentes el principio de que todo les es debido y que están en este mundo para poseer y controlar. Por contra, los niños de la parte menos favorecida de la población, si es que tienen acceso a alguna educación, tienen que competir por la atención y los conocimientos del profesor en aulas masificadas, exigiéndoseles mucho trabajo para unos resultados casi siempre frustrantes. Es obvio que las mentes de esos dos grupos distintos de alumnos adquieren una estructura y unas expectativas ante la vida bastante diferentes. 

Es sabido que las estructuras cerebrales se desarrollan y establecen a edades muy tempranas, y resulta muy complicado experimentar grandes cambios en etapas posteriores. Por tanto, podría decirse que los sistemas de creencias que se hayan consolidado en la mente de los jóvenes, tendrán una influencia decisiva en los proyectos, en el comportamiento y en las realizaciones de esos individuos en su vida adulta. Por eso, la Educación debería ser un elemento sagrado y prioritario en cualquier sistema social que pretenda trabajar sinceramente por un mundo mejor.

Otro efecto interesante, que conviene tener en cuenta, es lo que podríamos llamar la Ley del Péndulo, y que los orientales conocen como el efecto Yin-Yang. La trayectoria que siguen los acontecimientos que componen la historia de la humanidad no sigue una evolución lineal, sino que adopta la forma de oscilaciones entre dos extremos. Por ejemplo, en la economía se habla de ciclos; ya en la Biblia se mencionan los Siete Años de Abundancia, seguidos por Siete Años de Escasez. Existen innumerables ejemplos de fenómenos que consisten en una oscilación entre dos estados: respirar, caminar, etc.

La Humanidad adopta, en una época concreta, un determinado paradigma, y de buen grado o por la fuerza, explícita o implícitamente, una parte de la población consigue imponer su criterio y todo el mundo acepta o acata dicha situación. Con el paso del tiempo, se descubre si se ha llegado a la fórmula de un mundo mejor que satisface a todos, a unos pocos, o a casi nadie. Y, gradualmente, se empieza a generar un movimiento en sentido contrario, para enmendar la situación creada. Con frecuencia, se ha recurrido al empleo de la fuerza para intentar retrasar o acelerar el proceso. La Historia se ha escrito con el relato más o menos fiel de estos procesos: la expansión y caída del Imperio Romano, la expansión y caída del Imperio Español, la expansión y caída del Imperio Napoleónico, la Rusia de los Zares, la Guerra de Secesión en Norteamérica, la Revolución Francesa, la Segunda República Española y el Golpe de Estado que acabó con ella, los períodos de Aislamiento y Expansión de China, etc. Los ejemplos son tan abundantes como recurrentes: siempre que se produce un fenómeno humano en un sentido se empieza a generar energía en sentido contrario; pasado el tiempo, las fuerzas se equilibran y, poco a poco, se va manifestando la tendencia contraria. El que dicho proceso sea cruento o incruento depende de las tendencias y las resistencias en juego. El proceso no se puede detener, pero intentarlo por la fuerza está en el núcleo de todas las guerras y genocidios descritos en la Historia de la Humanidad.

Otro factor importante en la búsqueda de un mundo mejor es la Justicia, entendida en un sentido amplio, casi filosófico, de equilibrio, de equidad, de búsqueda de la armonía en las distintas situaciones por las que atraviesa la convivencia entre personas. El concepto de Justicia es fundamental en la estructura de nuestras sociedades modernas; es un elemento imprescindible para evitar la violencia y los abusos de individuos o grupos y trazar las bases para una evolución pacífica y equilibrada entre todos los miembros de la sociedad. 
En realidad, el filósofo Montesquieu, uno de los padres ideológicos de la Revolución Francesa, definió la separación de los tres poderes en un estado moderno: el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial, como un factor que trataría de garantizar el equilibrio de fuerzas característico y garante de toda democracia eficaz.
La mejor prueba de ello consiste en que los grupos que han tratado de acaparar el poder, a lo largo de la Historia de la Humanidad, han hecho lo imposible por eliminar dicha separación de poderes; es más, por acaparar el poder en todas las áreas con el fín de tener bien sujeto el fiel de la balanza.

Finalmente, hagamos una reflexión sobre la Verdad. La libertad de información y de acceso al conocimiento también constituye una capa importante de los cimientos de toda sociedad: también de la nuestra. Desde tiempo inmemorial, la historia la han escrito y transmitido los vencedores. Los grupos poderosos han acaparado, escondido y tergiversado los grandes libros donde supuestamente habían quedado recogidos los conocimientos ancestrales o las revelaciones de las grandes leyes que rigen en nuestro Universo.
En tiempos modernos, y más destacada y descaradamente en los actuales, los grupos de poder hacen lo imposible por acaparar los medios de comunicación, por manipular la verdad mientras sujetan bien alto el estandarte de la Libertad de Expresión. Se ha dicho que el conocimiento es poder, y vemos todos los días cómo se manipula y deforma la información que se suministra a la población.
La inteligencia, la independencia de criterio, la capacidad de discernimiento, son sistemáticamente objeto de control y limitación en extensas capas de la sociedad.
La expresión más sublime de estos mecanismos se da en periodos electorales, en los que se suministra al pueblo la información precisa para conseguir los votos necesarios para ocupar o afianzarse en el poder. Quizá sea por ello que un amplio espectro de los políticos, una vez que reciben el apoyo de los votos, proceden a despreciar y a machacar a su propio electorado; es como si quisieran demostrar que los votos se deben a sus técnicas de manipulación y que los votantes no tienen ningún derecho a exigir nada, puesto que sus voluntades ni siquiera les pertenecen: los consideran votos cautivos, esclavos electorales en los que apoyarse para ejercer el poder con absoluta ausencia de lealtad y compromiso. Más bien, es fácil detectar a quién le deben y le profesan lealtad y compromiso los políticos en ejercicio del poder. Muchos políticos han declarado que ellos no están en el mundo de la política para ganar dinero; sin embargo, a juzgar por sus lealtades queda demostrado con absoluta claridad qué parte de su corazón está con quienes mantienen repletos sus bolsillos y qué parte de su corazón late al ritmo de su espíritu de servicio y su sentido del deber y la responsabilidad hacia la Constitución que han jurado (o prometido) cumplir y hacer cumplir.

Tomar conciencia de que nos merecemos un mundo mejor sólo es el principio, el análisis de la situación a la que hemos llegado y de los caminos por los que hemos transitado, o nos han conducido, debe ser riguroso y profundo. Hay una ley no escrita que dice: "... en el problema se esconde la solución ...". Parece que ha llegado el momento de madurar, de enfrentar valientemente todos los problemas que aquejan al mundo que padecemos y de elaborar concienzudamente una estrategia para dirigirnos, paso a paso, a ese mundo mejor que nos merecemos.